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La Coctelera

Un POCO de TODO

Temas varios y varias cosas ... de todo un poco para que engañarnos

14 Junio 2006

SILUETAS- 4 (Un relato por entregas)

PARA LEER EL CAPÍTULO- 3 PINCHA AQUÍ

Mis padres no viajaban mucho. Aunque se les habían presentado oportunidades, siempre había planteado mamá el problema de dejarnos solos al abuelo y a mí. Tan sólo en un par de ocasiones, habían hecho una escapada de dos o tres días a otras ciudades, a las que papá había tenido que desplazarse por motivos de trabajo.
Tenía nueve años, cuando mi padre anunció que su empresa le costeaba una estancia en Madrid durante ocho días, para él y su esposa. En ese período tenía que realizar un cursillo que le abriría la posibilidad de un ascenso.
Todos los compañeros que habían sido seleccionados junto con él, irían acompañados por sus mujeres; así que papá, ayudado por el abuelo, emprendió la ardua tarea de convencer a mamá.
A mí nadie me pidió opinión, pero he de decir que aunque no me gustaba estar separado de mis padres, la idea de estar solo con el abuelo durante aquéllos días, distaba mucho de desagradarme.
Él cocinaría esas comidas que mamá nunca nos preparaba, por que decía que eran dañinas para el abuelo y para mí, y podriámos quedarnos escuchando la radio por la noche, hasta horas que no nos estaban permitidas con mis padres en casa.
Sería maravilloso.
Lo fué.
Mi madre accedió a acompañar a mi padre.
La semana resultó estupenda. Como yo la había imaginado. Hicimos todo lo que nos apeteció.
Paseamos sin horario fijo de regreso. Fuimos al cine varios días seguidos. Escuchamos la radio hasta que el sueño nos vencía. Compramos pasteles y tabletas de chocolate con almendras, que muy de tarde en tarde nos ofrecía mamá... Hizo guisos con estupendas salsas... Y como guinda que remató nuestra exquisita tarta de libertad, uno de los últimos días, fuimos de tapas a varios Bares del centro de la ciudad.
Allí degustamos las para mí, tan deseadas gambas a la plancha, y los calamares rebozados, fritos y crujientes, que eran una delicia, y que casi nunca preparaba mi madre, alegando que era un plato muy caro, y que no podía permitírselo un presupuesto como el nuestro.
Aquel día no comimos nada en casa, recreándonos los dos en el regustillo que tan sabrosos manjares habían dejado en nuestros paladares.
Mis padres tenían que regresar un domingo por la noche, en un tren que llegaría sobre las once. Yo les había pedido que nos permitieran ir a esperarlos a la estación, pero se habían negado, alegando que las once de la noche era ya una hora avanzada para que yo estuviera fuera de casa. También habían bromeado con las llegadas de los trenes: "Se sabe cuando salen, pero no cuando llegan...". La frase la he hecho mía con el correr de los años, y con conocimiento de causa.
Esa noche, el abuelo preparó la cena sobre las nueve. Cenamos, y guardamos dos platos en el horno caliente, para cuando papá y mamá volvieran a casa.
Después de fregar el abuelo las cazuelas y platos que había utilizado para la cena, nos sentamos a la mesa de la cocina otra vez, para escuchar la radio.
El tiempo fué pasando, y se acercaba ya la medianoche, cuando la emisora que teniámos conectada interrumpió su programación.
Era una nóticia de última hora.
El Rápido Madrid-Zaragoza, había descarrilado a unos cincuenta kilómetros de su destino, probablemente a causa de algún corrimiento de tierras producido por las fuertes tormentas que había sufrido aquella zona en los últimos días.
Nos miramos asustados.
Sabíamos que era ese el tren en el que ellos viajaban.
El abuelo reaccionó, y me dijo que iba a pasar a la casa vecina. Ellos tenían teléfono, y desde allí podría hablar con la Compañía de Ferrocarriles para pedir información sobre mis padres. Me besó con los ojos brillantes de lágrimas, e intentó tranquilizarme, diciendo que no iba a pasar nada, que mis padres estaban bien, y que volverían a casa sanos y salvos.
Entretanto, el locutor de la radio seguía informando sobre el accidente. Explicaba que la operación de rescate de las víctimas ya había comenzado.
Había muchos supervivientes, la mayoría de ellos, heridos de mayor o menos consideración, pero que también se habián rescatado varios cadáveres, y que se esperaba encontrar más todavía.

Yo miré al abuelo, y no dije nada. Él tampoco.
Cuando el abuelo cerró la puerta de la calle para ir a la casa de aquellos vecinos, corrí escaleras arriba, a su habitación. Encendí la luz, y miré la pared.
No me costó mucho encontrarlos. Entre la multitud de manchas, se perfilaban las siluetas de los rostros de mis padres.
Habían muerto.
Sí. Muertos. Aunque aquel algo que no muere con el cuerpo, estaba allí, conmigo. Me sentí triste. Pero mi tristeza se veía mitigada ante la consciencia de saber que mis padres no me habían abandonado del todo.
El abuelo regresó al rato a casa, y al ver que no me encontraba en la planta baja, subió al piso alto.
Me halló en su habitación. Con la vista fija en la pared.
Me puso una mano en el hombro, con dulzura. Yo lo miré.
Su semblante estaba alterado, pero intentaba sonreirme.
-No saben nada de ellos -dijo-. Aún no han rescatado a todos los accidentados.
-Están muertos, abuelo -le dije yo con voz serena.
-No. Están vivos -me respondió con la suya quebrada por la duda-. Están vivos,lo están...
-Están muertos -volví a repetir yo-. Mira sus rostros. Están en la pared.
Miró hacia donde yo le indicaba. Estuvo un rato observando las manchas, y luego volvió sus ojos hacia mí. Obsevé que las lágrimas se derramaban por sus mejillas.
Suspiró, y sollozó al mismo tiempo.
Su voz entrecortada no parecía la de el.
-Hijo... Perdóname... Te mentí... No hay nada en esa pared... Te dije aquéllas cosas por que lo estabas pasando mal, y no quería que le tuvieras miedo a la muerte. Ahí sólo hay manchas. No son otra cosa que manchas en una pared. Tus padres no están ahí. Están vivos... Ya lo verás... Hijo... Perdón...
Me abrazó muy fuerte. Lloraba. Nunca hasta entonces lo había visto hacerlo. El lloraba, pero yo no. Por encima de su hombro seguía viendo a mis padres, y parecía que hasta me sonreían...
A las tres de la madrugada, los vecinos recibieron una llamada de la Compañía de Ferrocarriles, en la que se comunicaba la muerte de mis padres.
Sus cuerpos habían sido encontrados entre los retorcidos hierros del vagón en el que viajaban, y uno de los compañeros de papá, que había sobrevivido al accidente, los había reconocido.

CONTINUARÁ...

servido por jasoninternauta 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

marta drooker

marta drooker dijo

Jasón, me tenés al pie.. al pie de tu blog con este relato.
Por supuesto lo descubrí tarde, lo leí al revés y aún así, es tan bueno que sobrevivió a todas mis torpezas!
Muy bueno!
Un beso

14 Junio 2006 | 06:38 PM

tazzie

tazzie dijo

Enhorabuena, si es verdad, lo siento, pero a veces el 6º sentido que yo al menos lo tengo muy desarrollado (podría haber desarrollado la inteligencia), a veces juega "bromas macabras", no te voy a contar la sucesión de hechos a través de mi vida.

En este caso el protagonista eres tú, y a veces una media verdad nos conduce a la verdadera. Como ha sido el caso.

Pensando a que género, insisto es narrativa, pero es realista y a la vez es dramática. ¿Ya tienes dudas? pues yo las tengo multiplicadas por 10.

Mi más cordial enhorabuena por el premio, pero este relato novelado, si es realidad, lo siento, si es fruto de la imaginación, me alegra. Lo malo de todo ello, como te dije hace un rato, "la realidad en demasiadas ocasiones, supera a la ficción".

Un besote desde el km 0

14 Junio 2006 | 08:30 PM

Un POCO de TODO

Un POCO de TODO referenció

SILUETAS- 5 (Un relato por entregas)

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15 Junio 2006 | 01:16 AM

jasoninternauta

jasoninternauta dijo

Es ficción, Tazzie, con elementos reales.
Hay mucho de mi abuelo en el abuelo de la historia, y mi relación con él...
Mi afición a descubrir cosas en manchas, nubes... Ya lo sabes, es real, pero nunca he descubierto en ellas rostros conocidos. Y nunca ha habido una casa como la que describo, ni una pared como esa.
Mi infancia nada o muy poco tiene que ver con la del niño de la historia, pero sí que comparte conmigo inquietudes, imaginación... Es un poco como yo era a su edad. Y como es de esperar que lo sean todos los niños.
Y no sé que más decir...
Nada más por que es tarde, y me voy pa la cama.
Buenas noches otra vez, y... nunca he visto un ángel en mis manchas, pero me alegro de que lo hayas visto tú.

15 Junio 2006 | 02:25 AM

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