ESTO ES OTRA HISTORIA...
Se puede considerar como una continuación del post que colgué ayer, puesto que lo que voy a contar va relacionado.
Cuando vuelvo la vista atrás, me siento como el dueño del bar en el que se reunen las prostitutas y proxenetas de "Irma la dulce". Los que la hayáis visto, seguramente lo recordaréis como el confidente de Néstor (Jack Lemmon). En casi todos sus diálogos hace referencia a una profesión, o trabajo diferente que ha realizado anteriomente, y siempre acaba diciendo: "Pero... eso es otra historia".
Mi semejanza con ese personaje, por supuesto va relacionada con los diferentes trabajos que durante un tiempo tuve que desempeñar. No hace falta que diga como está el mundo del trabajo, por que todos lo sabemos, y la mayoriá de los que ahora tenemos un trabajo estable, hemos tenido que pasar por eso.
Rrose, un buen amigo que ha dejado su comentario en el post de ayer, ha metido el dedo en la llaga. Ha dicho: "La gente que se ve abocada a trabajar en ese tipo de cosas me dan una pena tremenda. Es que es denigrante".
Y lo ha dicho sin haberlo vivido. Yo sí lo viví.
Como comercial de calle, trabajé para una editorial vendiendo una determinada enciclopedia. Fueron unos tres meses. No saqué un duro (entonces estaban los duros), digamos que tuve que ponerlo, porque los puntos de encuentro eran siempre en cafeterías, y café va y cerveza viene, se iba una pasta.
No tengo un mal recuerdo de aquello. Siempre he dicho que este sistema de trabajo es de los que más "pulen", y a los veinte años, necesitas un "repaso" y relacionarte no sólo con tu entorno, que suele ser agradable, si no con el exterior, y ver de cerca otras realidades. De todo se puede sacar experiencias, y yo de allí las saqué positivas. Conocí gente muy interesante. Gente que te abría la puerta, te ofrecía su sofá y un café, y no te compraba la enciclopedia (eso yo lo veía normal), pero te proporcionaba una charla enriquecedora y satisfactoria.
También tuve momentos "duros", extraños, y hasta "peligrosos". Pero ya digo: Positivo
No llego al extremo de decir que me juré no volver a trabajar en venta de este tipo cuando lo dejé, aunque en mucho tiempo no volví a mirar esa clase de anuncios que publican los periódicos en la sección de ofertas de trabajo.
Pero como nunca se puede decir "de ese agua no beberé", unos años más tardé repetí la experiencia. Tendria que decir que fué casi por sorpresa. Un anuncio que no decía mucho. Una entrevista. Una segunda cita. Un cursillo. Quince días en una sala de la Universidad. Otros quince en la Escuela de Comerciales... No pintaba mal... Pero nadie informaba de que iba el trabajo en realidad.
Yo cuando empiezo algo, rara vez lo dejo a medias, y aunque hubo gente que fué abandonando el cursillo, llegué a su final junto con una docena de personas más. Para aquel entonces, aunque los "jefes" no reconocían el nombre, yo sabía que aquello era "Multipropiedad".
Trabajé un més. Hice cinco ventas (digo hice, pero se hicieron solas; hay personas que se convencen sin necesidad de que las convenzan, pero yo no podía "vender" aquello, por que en ningún momento me llegó a convencer a mí). Se podían hacer bastantes más, pero según los "jefes", era una buena media. Gané más de trescientas mil pesetas... ¿Suena a chiste, verdad? Pues fué así. Pero lo dejé.
Soy una persona con las ideas bastante claras, y siempre he pensado que es difícil que alguien pueda lavarme el cerebro. Y sí, es difícil, lo comprobé entonces, por que el sistema para preparar al comercial, consiste en eso, y en ningún momento lo consiguieron. Tu lavada de cerebro es el primer paso para que tu lo puedas hacer con los clientes.
El ambiente de trabajo (al menos el que yo viví) es aparentemente distendido, los compañeros somos amigos, los jefes son amigos, todos somos amigos, pero todo el tiempo se está hablando del trabajo, y se premia a la mesa que más está hablando de trabajo.
Se sale a las doce o la una de la noche, y no se va cada mochuelo a su olivo. Se va a cenar todos juntos, y luego de copas, y se sigue hablando de trabajo... Y por la mañana cursillo, para preparar el trabajo (de eso me escaqueé, con escusa de unas clases) de la tarde... Y una máxima: Hay que vender para ganar dinero, pero el dinero hay que gastarlo, para ganar luego mucho más dinero, y gastarlo, claro. Entre los "jefes" proliferaban los "rolex" y los "cartier", que nos mostraban orgullosos, y que nos incitaban a comprar con nuestras ganancias.... Las camisas de Yves Sant Lauren, los trajes de Valentino... Y de los coches ya no hablo, pero todo eso conseguiriámos vendiendo vacaciones en apartamentos en multipropiedad, que no era multipropiedad, según ellos.
Como no sé quien escribió: "No me ciega el brillo del oro". No me gustaba el trabajo, y lo que menos me gustaba es que me lo llevaba en la mente a casa.
Lavado no, pero llega a obsesionarte estar todo el día hablando de lo mismo. Ese era el objetivo, claro. Que los comerciales sólo pensaran en ello. No va conmigo...
El trabajo es el trabajo, y se deja cuando lo acabas, hasta el día siguiente. Valoro mucho las relaciones familiares y valoro por igual las que mantengo con las personas amigas. No vivo sólo para el trabajo.
Cuando Rrose ha expresado esa opinión, estaba totalmente en lo cierto. Es una pena, y denigra a la persona porque la anula.
Aún con todo, no recuerdo aquel mes como una experiencia negativa, por que también me ayudó a conocerme un poco más, y a tener claro claro cuales son mis prioridades en la vida, aparte de tomar conciencia de que no valgo para trabajos en los que se tengan que dejar de lado los escrúpulos, aunque sean en una medida relativa.
Otro día, más... pero ya no de esto.

INTERNAUTA PASEANDO POR LAS WEBS DE LA VIDA
Ana dijo
Evidentemente ese trabajo te aportó mucho... No solo dinero..., solo hay que leerte para verlo.. :-D
26 Mayo 2006 | 11:24 AM