YO TENGO MIEDO, TÚ TIENES MIEDO, EL TIENE MIEDO...
Ayer vi nuevamente "Las brujas de Eastwick" (me gusta esa peli). De la mitad, para el final, el diablejo interpretado por Nicholson, ataca a las chicas protagonistas, aprovechándose de sus miedos.

No es la única película en la que aparece una situación similar. Ahora mismo me vienen a la mente otras dos:
"IT", basada en la novela de Stephen king, y "Horizonte final", de Paul Anderson (la que por cierto, recomiendo), en las que también, los entes malignos correspondientes, aprovechan los miedos de cada uno de los personajes, para atormentarlos y acabar con sus vidas.


Afortunadamente, en la vida real, no suele ocurrir, y pocas veces nos atacan por ese flanco. No lo hacen, por que nuestros miedos solemos tenerlos en lo más oculto de nuestro ser, porque nosotros mismos nos avergonzamos de ellos, y porque sabemos que la mayoría de las veces, son irracionales.
Aún así, a veces si que se nos ataca; ya se sabe, siempre nos encontraremos con personas que disfrutan con las debilidades de los otros.
En mi primera infancia, le tenía miedo a la oscuridad.
De mayor me enteré de que es muy normal a esa edad.
Uno de mis tíos disfrutaba como un enano haciéndome sufrir con lo que el llamaba un juego.
En su casa, o en la mía, siempre lo practicaba. Le llamaba "hacer magia".
-Mira. -me decia- Si soplo a la lámpara se apagará la luz (valía la del techo o la auxilliar).
Sólo con oir aquello la angustia me invadía (aún lo recuerdo bastante vívido), y cuando disimuladamente, pulsaba el conmutador al mismo tiempo que soplaba, y la luz desaaparecía, mis lloros, desesperados y amargos eran incontenibles.
Pero se lo pasaba bien el "tío". Sabía que pulsaba la tecla correcta.
Imagino que los que leáis esto tambíen tendréis alguna nécdota que contar, y si no la tenéis, os felicito, habéis sido afortunados de no encontrar en la vida a una persona como mi tío.
El caso es que los miedos nos invaden en la infancia y en la adolescencia, y de alguno no logramos zafarnos ni en nuestra vida adulta. Se nos ha convertido en fobia, y de no ser que realmente llegue a condicionarnos demasiado el desarrollo de nuestra vida cotidiana, convivimos con el.
¿Cuantos miedos hay?.
A bote pronto se me ocurren muchos:
Miedo a la enfermedad y al daño físico.
Miedo al fracaso en la vida.
Miedo al ridículo.
Miedo a la responsabilidad.
Miedo a la crítica.
Miedo a no gustar a los demás.
Miedo a relacionarse.
Miedo a que nos nos quieran.
Miedo a no saber querer.
Miedo a la sexualidad.
Miedo a los cambios.
Miedo a la decadencia física.
Miedo a la pobreza.
Miedo a la vejez.
Miedo a la soledad.
Miedo a la muerte.
Miedo a las alturas.
Miedo al agua.
Miedo a viajar en avión.
Miedo a los espacios cerrados.
Miedo a morir atragantado.
Miedo a los insectos.
Miedos, miedos, miedos...
En la lista hay de todo, y faltan muchos. Tenemos donde elegir, pero creo que nos eligen a nosotros.
Mi miedo adulto: Lo arrastro desde la infancia, y no he podido desprenderme de él.
Temo que a los que quiero (incluídos los animales) les ocurra algo malo o irremediable. Supongo que en mayor o menor medida a todo el mundo le pasa, pero creo que yo lo llevo a extremos.
En la infancia, si mis padres salían o viajaban solos, mientras la hora de regreso entraba dentro de lo normal, no pasaba nada, pero un retraso mínimo desencadenaba en mi mente las ideas más negras. Para mitigar mi miedo, inventé una plegaria. Muy simple, pero pensaba que efectiva.
Es la primera vez que voy a decirla. Nunca se la he contado en estos años a nadie. Ni a los más íntimos.
"Por favor, Dios mío: Que no les haya pasado nada, y si les ha pasado algo y han muerto, por favor, que resuciten".
Y sigo igual, pero sin plegaria. Simplemente cuando alguien de la familia saca a la perrita a hacer sus cosas, y tarda algo más de lo normal, ya estoy pensando que algo malo ha ocurrido. Pienso que al que la ha sacado le ha pasado algo, y si no le ha pasado al que la está paseando, será que la perra se ha soltado de la cadena, ha cruzado, y la ha atropellado un coche, o la ha atacado otro perro... Todo muy alegre... Pero es lo que hay.
Miedos que nos desasosiegan, que pueden convertir un buen día en uno desastroso, incluso amargarnos la vida entera. Pero ahí estamos, arrastrándolos.

INTERNAUTA PASEANDO POR LAS WEBS DE LA VIDA
Jana dijo
" pocas veces nos atacan por ese flanco. No lo hacen, por que nuestros miedos solemos tenerlos en lo más oculto de nuestro ser, porque nosotros mismos nos avergonzamos de ellos, y porque sabemos que la mayoría de las veces, son irracionales......"
Eso era antes de psocoterapeutizarnos con los blogs
Miedo a la soledad
Miedo a la indiferencia
Demasiados, si
30 Marzo 2006 | 01:54 AM