UNA ESPERA COMPROMETIDA
Acabo de leer el post que ha publicado hoy el blog "Las malas horas", que tengo agregado como amigo.
Ya le he pedido disculpas por "plagiar" en parte lo que ha escrito en el, pero es que tengo una situación tan similar para contar, que no he podido resistir la tentación de escribirla también.
Hace cuatro o cinco años, una tarde de otoño, tenía que hacer unas compras, y me dirigí a una de las calles más comerciales de la ciudad (de esas en las que encuentras tiendas de todo).
A mitad de la calle (es bastante larga y totalmente peatonal), vi que había un montón de gente mirando los escaparates de lo que yo pensé era una nueva tienda.
Al acercarme, vi que no lo era. Era una clínica dental, que por lo visto abría sus puertas ese mismo día. En sus cristaleras había carteles en los que ofrecían como oferta por apertura, una revisión gratis, con presupuesto, y totalmente sin compromiso.
De momento, lo que me interesaba era comprar las cosas para las que había salido a la calle; así que me dediqué a ello, pero pensando que desde hacía un tiempo tenía una carie, y que ya que estaba allí, no me vendría mal que me la vieran para ver su estado, y de paso saber si había alguna otra cosa que necesitara tratamiento, me planteé que no sería mala idea someterme a una revisión.
De regreso, me asomé al interior de la clínica y ví que había bastante gente esperando, y decidí no entrar. Pero... Era el primer día de apertura, y un montón de azafatas, estaban a la caza del presunto cliente, y una de ellas, vino por mi, diciéndome que no tendría que esperar mucho, pues había varios odontólogos revisando; así que me encontré como por arte de magia, esperando en un cómodo silloncito.
Como mi primera idea había sido tan sólo la de comprar lo que necesitaba y volver a casa, no me había llevado nada para leer (yo siempre cargo con un libro), y miré a mi alrededor para ver si al menos había un folleto de la clínica para entretenerme.
Pues no. Folletos no tenía a mi alcance, pero como la clínica había pensado en todo, aparte de las revistas, que mucha gente estaba leyendo, me encontré a mano un par de "Mortadelos", seguramente pensados para los "clientes-niños".
Cogí uno, y comencé a leerlo.
En la sala, excepto un par de personas, que charlaban a media voz entre ellas, reinaba ese silencio respetuoso que sobre todo se da en las salas de espera de los dentistas (más que respetuoso, diría que medroso).
El "Mortadelo" que tenía en las manos, era un expecial sobre los últimos "Juegos Olimpicos" , y ya me había leído más de una historieta con la sonrisa en los labios, cuando llegué a un punto, que la sonrisa se convirtió en risa, y la risa en carcajada contundente. Quería parar y no podía, quería dejar de leer, y no podía, y además hubiera dado igual. Las dos o tres viñetas que acababa de leer habían sido las que desencadenaron mis risas, y ya no había vuelta atras.
¡Qué situación! Todas las miradas clavadas en mí, con expresión de reproche, y yo, lagrimeando, sudando, y materialmente revolcándome risa.
La azafata que me había invitado a entrar , también me miraba con expresión de no saber que hacer, y yo, seguía riendo sin poder parar.
Un par de personas, salieron del interior de la clínica para ver que pasaba, y una de ellas se acercó a la azafata y habló algo con ella. Yo, claro, seguía riendo. Todo el mundo allí debió de dar por sentado que me había dado un ataque de locura o algo parecido.
En un par de minutos, me invitaron a pasar al interior para efectuar la revisión, y entre carcajadas, dí las gracias.
Ya en el sillón, y sin el "Mortadelo" en las manos, intenté explicar al odontólogo, que lo que me había pasado era normal. Que yo con los "Mortadelos" me partía de risa desde siempre.
Me dijo que a el también le hacían gracia, pero me parece que le quedó la duda de si yo andaba bien de la cabeza. Lo noté como muy condescendiente...

INTERNAUTA PASEANDO POR LAS WEBS DE LA VIDA
Jana dijo
¡ Que apuros se pasan , verdad? :D! Pero que buen rato también que ya no nos quita nadie.
Recuerdo que también me ocurrió en un autobús. Iba sentada y no se de qué cosa me acordé o ví que me dió el ataque , intenté disimular encogiendome en el asiento y tapandome la cara para sofocar la risa pero sabía que la gente me miraba. Un chico me preguntó si me pasaba algo porque pensaba que estaba llorando, fué bochornoso porque del esfuerzo por no reir me había puesto coloradísima.
Normalmente la gente que te ve termina contagiandose pero siempre hay algunos más estirados o que por causas personales no esten en ese momento por la labor de reirse. Una pena porque es la mejor terapia.
Por cierto Jason, me puedes plagiar lo que quieras, sobre todo si es para compartir ratos de humor como éste .
;)
28 Marzo 2006 | 01:41 AM