!!¿¿VIVAN LAS REBAJAS??!!
Empalmando con los gastos de la Navidad, nos metimos como todos los años en las rebajas de enero.
Pantalón: antes XX€... Ahora: X€
Si somos controlados en nuestras compras, dejamos pasar la sustanciosa oferta, pero la guardamos en el disco duro de nuestra mente, y cuando llegamos a casa, miramos nuestro fondo de armario (o al fondo, dependiendo de lo grande que sea, o de lo vacío que lo tengamos) y calibramos si ese pantalón de precio tan tentador, merecería el honor de compartir percha con los 7 u 8 que ya tenemos (he puesto una cifra normalita, porque habrá quienes la duplicarán, seguro). A ver... tres tejanos... uno marrón... dos negros... el de color indefinido que sólo me he puesto dos veces, porque mira que metí la pata al comprarlo el año pasado en las rebajas (feo que es el pobre)... el que me compré a principio de temporada... Bueno... no me vendría mal comprarme otro pantalón... Y si acaso veo alguna camisa...
Si eres de l@s de las compras controladas, esto no ha ocurrido el primer día de las rebajas. Estarás ya a más de la mitad de enero, y si además eres de l@s que piensas que si necesitas algo, las tiendas estan abiertas todo el año, y que si tu presupuesto no es muy boyante hay tiendas en las que la ropa tampoco es cara, te habrás resistido a la publicidad que ves por TV, a la de los medios radiofónicos, y te habrás negado a pararte en ningún tentador escaparate... Pero... ¡Ay! ¿Quién no tiene un compañer@ de trabajo, de insti, de universidad, o de lo que sea, que te viene diciendo...? "Mira. Esta parka, X€". "Maja, la verdad", -le dices, y no pasas a más-. Llega un@ de tus amig@s: "Pues sí, no pensaba comprarme nada en rebajas, pero... el caso es que... entré en... y que me he vestido por cuatro euros". Vamos, el fondo de armario relleno. Así has ido sobreviviendo hasta casi la última semana, y ya los escaparates te han resultado más atractivos, los has mirado, y ahora estás concienciádisim@ de que necesitas un pantalón, y también una camisa. Te vas pa la tienda en la que viste el pantalón a precio X, y mira, el que viste en el escaparate ya lo han vendido. "No quedaba más que aquel" -te informa la dependienta- (seguro que ni era tu talla) y los que te enseña, no se le parecen en nada, y claro, ni mucho menos coinciden con la talla que usas; así que se te crea un trauma. Necesitas ese pantalón, y la camisa también. Y aunque odias ir de tiendas, te pateas la zona más comercial de tu ciudad, hasta que por fín encuentras lo que "buscas" (por cierto: ¿Buscabas algo?) Y mira por donde, no encuentras sólo un pantalón que te gusta, y es de tu talla. Encuentras dos.
El mismo modelo, eso sí; en negro y en crudo. "¿Negro?". "Tengo tres..." "Bueno, uno que está ya muy usado..." "Pero los otros dos están bien..." "Bueno, me lo quedo... por lo que vale... y el negro siempre va con todo..." (no con todo, pero eso se dice) "¿Y el crudo?" "Vale, también. Lo podré llevar cuando haga mejor tiempo. Y además, si me lo compro en temporada, me va a costar...". "Ahora tengo que mirar camisa..."
En la tienda en la que has comprado los pantalones, no tienen la que te gusta, no tienen tallas... Así que a hacer la ronda otra vez.
Y la encuentras. Esa. "La camisa de mi vida". "Y en mi talla". Je, je, je.
Y en séis colores diferentes.
Vuelta a empezar. "Amarilla, tengo... azul, tengo... blanca, tengo..., pero... esta lleva un corte en el delantero, y parece más de sport... Venga, blanca". "Ufff... Pues en negro tampoco está mal". "¡Justo! La blanca para llevarla con el pantalón negro, y la negra para el pantalón crudo, ¡Genial!". (y original sobre todo). Pues nada, a pagar, que ya tengo lo que quería, y a muy buen precio.
"¡Joer! Esta americana no esta nada de mal". Situada extratégicamente al lado de la caja, está esperando la americana que va a acabar de colmar de dicha tu tarde de rebajas; en un burdeos increíble, con un corte increíble, y con un precio mucho más increíble aún... increíble que esté en tu talla, increíble que te quede de percha... y si a principios de enero, te hubiera parecido increíble que te fueras a comprar dos pantalones, dos camisas y una americana...
Ahí que vas con dos bolsas repletas de ropa, y con unos cuantos euros menos para llegar a final de mes... pero eso sí, mas feliz que una codorniz (el sentimiento de culpabilidad, ya te asaltará a traición más adelante).
¿A alguien le suena esta pequeña historia?
A más de un@ le ha ocurrido. Doy fé de ello.

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