Cuando he terminado de escribir el anterior post, me he levantado de la silla, y como de costumbre, lo primero que he hecho es mirar las dos jaulas que reposan encima de la mesa que tengo a mis espaldas cuando escribo aquí. En ellas han vivido (hasta el día de hoy) un mixto (jilguero-canario) y un gorrión. Piolín le pusimos de nombre al mixto, cuando hace ya casi 15 años, y con tan sólo un año de vida, una conocida de la familia tuvo el detalle de regalárnoslo. Nos pilló a todos en una edad en la que ya no mirabámos a un animalito como un simple juguete, y lo acogimos como lo que era, un ser vivo, pequeño, y dentro de su capacidad, inteligente. De su inteligencia ha dado a lo largo de estos años muchas muestras. Nos ha deleitado con sus trinos y con sus mimos. Durante mucho tiempo (hasta que hace casi 7 años nuestra perrita se integró también en este circulo familiar) se puede decir que vivió en libertad. Le encantaba volar de un lado a otro del salón. Se posaba en la puerta y nos miraba desde arriba, sé que divertido, por que veía que lo buscábamos y no lo encontrábamos... Se dormía acurrucado y feliz en la mano de su "padre"... al cual antes se había encargado de hacerle mil y una "perrerías"...
Cuando tenía poco mas de tres años, tuvo una enfermedad en sus patitas. Se le inflamaron, y luego se le secaron. Lo llevamos a dos veterinarios diferentes, pero ambos coincidieron en que es muy dificil dictaminar y tratar una enfermedad en un animalito tan pequeño. Perdió dos dedos de una patita y la otra se le quedo también retorcida y anquilosada. Pensamos que lo íbamos a perder entonces. Pero él, arropado por el cariño de todos, unido a sus ganas de vivir, siguió adelante, se recuperó, y asumió su minusvalía, y creo que con el tiempo, incluso se llego a olvidar de que estaba lisiado. Su jaulita fué adaptada a su nueva situación, y ya que en un principio no podía posar sus pobres patitas en los palos, se le colocó encima de ellos, una plataforma forrada con una tela, y allí ha vivido, hasta las séis de esta tarde.
Cuando "Gorri" (un polluelo de gorrión, encontrado al pié de un árbol, un sábado 12 de junio de 1997, ya lejano en el tiempo, pero recordado por todos los españoles, porque a la misma hora en que uno de nosotros encontraba al desdichado polluelo caído de su nido, todas las emisoras de radio y televisión, que habían estado pendientes del secuestro de Miguel Angel Blanco daban la noticia de su asesinato) se convirtió en su inesperado compañero, Piolín lo acogió, primero, con curiosidad, y luego con cariño. Recordamos como miraba a aquella cosita pequeña y chillona, que daba saltos increibles dentro de la jaula y comía como un poseso. En su interior, debía de alucinar. Cuando Gorri creció, aunque de un carácter mucho más arisco que el de él, vimos como intentaba mantener una amistad de buen vecino... A los chirriantes gorgojeos ("chuak, chuak") de Gorri, Piolín contestaba con sus timbrados trinos y suaves "píos". Estamos casi seguros, de que le enseñó su idioma, y los últimos años, sobre todo a estas horas de la noche, mantenían los dos, conversaciones misteriosas. Unas veces las empezaba uno... otras, el otro... Hay que ver lo que nos pueden enseñar los animales... un mixto de canario y jilguero, "hablando" con un gorrión, sin importarle a ninguno de ellos su raza...
Piolín, hasta hace cosa de un més, era el mismo de siempre. Curioso, juguetón, "charlatán"... Luego, ha venido el bajón; muy de golpe. Son como nosotros; como el abuelillo que llega a los 90 en un estado genial, y un día, le abandonan las fuerzas, y sin ninguna enfermedad, languidece y muere en poco tiempo. Se pasaba el día con la cabecita metida debajo del ala, y a ratitos intermitentes, comiendo... No estaba enfermo, sólo era un anciano... Dieciséis años para un pajarillo, es mucho tiempo.
Pensamos como consuelo, que ha tenido una larga y buena vida, de la cual también hemos disfrutado nosotros en parte... El tiempo ha pasado. Pasa siempre en contra de la vida, y todos tenemos que dejar esto algún día. Hoy, nuestro pequeño amigo nos ha dejado, pero nunca lo olvidaremos.